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11 noviembre 2010

La tristeza de las 16 semanas



"Acabas de cumplir tres meses. Tres meses maravillosos en los que nos hemos comenzado a conocer. Al principio me costó un poquito entenderte, llorabas y yo no sabía que te ocurría. Después de tres meses solamente hay que mirarte para ver que no se nos ha dado tan mal, al final nos hemos entendido, solo hay que mirarte para comprender de la belleza que entrañas como si de la vida en sí misma te compusieras.

Estos últimos días mi permanente felicidad desde que llegaste, se ha teñido de un cierto nerviosismo y tristeza. Aunque paso todos los segundos del día borracha de ti, ausente, feliz... estos tres intensos primeros meses de tu vida se me han pasado de una forma demasiado rápida y como si una venda cayera de mis ojos me he dado cuenta que tengo que volverme con la cruda realidad: la vuelta al trabajo y por consiguiente nuestra primera separación.

Recuerdo antes de que nacieras, que lo tenía todo bien claro. Estaría estas primeras semanas contigo y a partir de que se terminara mi baja maternal, te dejaría con la abuela. Que fácil y que sencillo me parecía. Ahora veo, que a dos semanas vista del momento lo que parecía perfecto y ameno se ha convertido en mi particular drama.


Te abrazo y me pregunto si dejaré de ser el centro de tu vida. Si seré capaz de sonreír cuando tú no estés cerca. Si aceptarás tomar la leche que con tanto cariño voy dejando en el congelador.


No puedo dormir. Te miro mientras tu duermes, ¡te voy a echar tanto de menos! solo tienes tres meses y de aquí a quince días pasaremos demasiado tiempo separados tú y yo. Será la primera vez que me separe de tí después de estar juntos día y noche durante más de un año, no es tan difícil de entender ¿no?

La abuela dice que no debo quejarme, que las cosas con los trabajos están muy mal, que debo de estar contenta que al menos me pagan un sueldo. Sé que lo dice con buena intención y que ella te va a cuidar con mucho cariño, pero a mí sus palabras no me calman para nada esta melancolía y tristeza.

No creo que la naturaleza hubiera querido que tú y yo nos separaráramos tan prematuramente. No creo que me tenga que sentir culpable por estos sentimientos. Necesitamos el dinero que yo gano con mi trabajo y es cierto que las cosas como dice la abuela no están para tirar cohetes.

Pero tan bien es verdad que tengo a derecho a sentirme en duelo. A sentir que esta forma de vida que llevamos absorbe a veces una parte de nuestra propia vida.

Tengo derecho a llorar y a sentirme comprendida.

Y que aún haya quien dude de la necesidad de ampliar estas miserables 16 semanas de baja maternal. Debe ser que no ha tenido la suerte de conocerte. De conocer a alguien como tú y de amarlo tanto. Si no no me lo explico.

Pero sobre todas las cosas hijo mío no temas. No te va a faltar nada de cariño mi amor. Tu mamá regreserará cada tarde a toda prisa y te abrazará, te dará tu tetita y se olvidará de si el suelo está sucio o de si los pantalones están planchados.

Intentará compensar el tiempo perdido llenándote de mimos, carícias y abrazos, durmiendo contigo y llevándote en brazos.

Ya queda poco hijo mío, triste estoy y sin poder evitarlo."

Por Miriam Hernández para todas aquellas mamás que están a punto de ir a trabajar y con la esperanza que en un futuro próximo las bajas maternales no se limiten a unas ridículas 16 semanas.