La primera que sea la última

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Aunque normalmente sabéis que mi blog está dedicado a los niños, hoy quiero dedicar esta canción que me acabo de encontrar casualmente en la red y que me parece acertadísima con este tema de la violencia doméstica,  a todas esas mujeres que sufren o han sufrido malos tratos alguna vez en su vida.  Porque ante el maltrato a las mujeres la tolerancia debe ser CERO.  Porque ya está bien de escuchar a diario en las noticias, de leer en la prensa y de conocer a mujeres que sufren porque tienen a su bestia dentro de casa. Que la primera bofetada, sea la última.

Una caja llena de besos

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Llega la Navidad y con ella además de muy buenos propósitos por parte de todos, también llega una oleada de regalos, productos de la época, compras... en fin se puede resumir en un materialismo que evidentemente se palpa enseguida.

Nosotros en estas fechas estamos encantados con que los Reyes Magos y Papá Noel llenen de regalos a nuestros pequeños, porque a ellos les encanta y a nosotros también verles felices.

Pero hoy quiero traer una historia que encontré donde una pequeña sabe elegir el mejor regalo para su papá aunque él al principio no lo entienda.  Espero que entre todos podamos además de llenar de regalos materiales a nuestros hijos, sepamos transmitir la verdadera importancia de un verdadero regalo a los que más amamos.

Hace ya mucho tiempo, un hombre castigó a su pequeña hija de tres años por desperdiciar una envoltura de papel dorado
El dinero escaseaba en esos días, motivo por el cual estalló en una furia incontenible; cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de Navidad.


Más sin embargo, la niña le llevó el regalo a su padre a la mañana siguiente y le dijo:"Esto es para ti papito".


El se sintió avergonzado de su reacción de furia. Pero volvió a explotar cuando al abrir la caja, se dio cuenta que estaba vacía, le volvió a gritar diciendo: ¿Es que no sabes que cuando le das un regalo a alguien, debe tener algo dentro?


La pequeñita volteó hacia arriba y con lágrimas en los ojos contestó:


¡No papito, no esta vacía ya que yo soplé muchísimos besos dentro de la caja, todos para ti papi!


El padre se sintió morir, puso sus brazos alrededor de su niña y le suplicó que lo perdonara.


Según se dice, ese hombre guardó la caja dorada por muchos años, cerca de su cama y siempre que se sentía derrumbado o deprimido, tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.


En cierta forma, cada uno de los seres humanos ha recibido una caja dorada, llena de amor incondicional y besos de nuestros seres queridos: hijos, familia, amigos...


Nadie podría tener una propiedad más preciada que ésta. Todos nosotros la tenemos pero... ¿Nos damos cuenta?


Cada vez que estamos derrumbados o deprimidos... ¿extraemos de la caja ese regalo que nos recuerda el AMOR que nos dieron?


Autor: Desconocido

¿Nuestros hijos nos conocen?

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Acabo de encontrar inspiración en una entrevista de nuestro admirado Carlos González en Bebés y más y esto me ha dado pie a escribir sobre si nuestros hijos nos conocen lo suficiente. Aquí os dejo la entrada de  Peques y más para ver que os parece.


Acabo de leer una fantástica entrevista en bebés y más que han realizado al pediatra Carlos González y aunque está enfocada casi en su totalidad a temas de crianza en los bebés hay una última pregunta relacionada con la conciliación familiar que me ha hecho plantearme si verdaderamente nuestros hijos nos conocen, saben lo que nos gusta hacer, en qué trabajamos, cómo es nuestro trabajo, nuestro día a día…

Para que entendáis de lo que estoy hablando, con el permiso de nuestros compañeros de bebes y más voy a copiar un poquito más abajo el extracto de la entrevista de Carlos González que me ha invitado a hacer esta reflexión sobre el conocimiento que tienen nuestros hijos sobre nosotros.

Para los que no conozcáis a Carlos González os puedo decir que es uno de los máximos exponentes en los países de habla hispana en métodos no conductivos, conocidos como crianza con apego. Ha escrito varios libros maravillosos que sin duda alguna os recomiendo, aunque para la edad con la que trabajamos en peques y más los más adecuados pueden ser los títulos “Mi niño no me come “ sobre alimentación infantil y el libro “Bésame mucho, como criar a tus hijos con amor” que para mi lo definiría como un libro clave sobre crianza.

El extracto de la entrevista es el siguiente y es la respuesta a la pregunta ¿Qué medidas ayudarían a mejorar verdaderamente la conciliación laboral?


“Conciliar la vida familiar y laboral quiere decir, debería querer decir, “hacer las dos cosas a la vez”. Como la madre africana que trabaja la tierra o vende en el mercado con su hijo a la espalda. Como nuestros bisabuelos, que ayudaban a sus padres en el campo o en el taller desde la infancia. Pero en nuestra sociedad hemos separado completamente la vida familiar y la laboral, no permitimos que los bebés ni los niños mayores entren en fábricas y oficinas. La guardería no es una medida de conciliación, sino la consecuencia de esa falta absoluta de conciliación: “deje el niño aquí antes de ir a trabajar”.

Hace siglos, un niño y acompañaba y ayudaba a sus padres en sus labores cotidianas, y probablemente aprendía y heredaba su oficio. Hoy no sabemos ni lo que hacen nuestros padres. Mi padre trabajó para pagarme la universidad, pero yo jamás pisé la oficina en que él trabajaba, jamás supe qué hacía él allí durante toda la mañana, jamás me dijo “hazme estas fotocopias, ve al archivo a buscar tales papeles…”, ni siquiera sé si donde él trabajaba había un archivo o una fotocopiadora.

Si queremos volver a conciliar trabajo y familia, deberemos cambiar completamente nuestro sistema productivo. Y si no, si optamos por seguir considerándolos inconciliables, pues tendremos que seguir eligiendo: o trabajas, o haces vida familiar.


De lo que personalmente extraigo un mensaje que me gustaría compartir con vosotros y es que entiendo que podamos pensar en lo difícil que sería plantearle a nuestro jefe tener que llevarnos a diario a nuestro hijo a la oficina, taller o almacén donde ejercemos nuestro trabajo. Imagino la cara de nuestro jefe quien por desgracia no entendería la necesidad que tenemos de compartir nuestro tiempo con nuestros hijos. Pero creo que muchas veces no hacemos lo suficiente por mostrar como somos a nuestros hijos.”

Y para ello propongo que empecemos a acercar a nuestros hijos un poquito más a aquello que los padres hacemos a diario, en lo que trabajamos, nuestras aficiones, ... porque aquí siempre hablamos de dar el primer paso para conocerles a ellos, pero también debemos dar el primer paso para hacernos conocer ante nuestros niños.

Hoy día a no ser que seamos autónomos es muy difícil tener a los hijos en el centro de trabajo, pero no está de más que nos pudieran visitar alguna vez mientras trabajamos o por lo menos enseñarles el lugar donde lo hacemos (si esto no va a suponer ningún problema laboral posterior, claro) y allí explicarles qué es lo a lo que se dedica su mamá o papá. En casa también podemos hablarles de ello, a mi me encanta enseñarle a mi hijo todas las entradas que voy haciendo en el blog y le explico que me encanta escribir y a veces cuando ve cosas que le parecen interesantes (normalmente dibujos animados) me comenta que que podría escribir sobre eso. Y a mi me encanta, me parece una muestra de interés hacia nuestra relación y es que el trabajo para hacer fuerte nuestra relación va a ser el querer conocernos cada día un poquito más.


Conozco a padres que se lamentan del poco tiempo que tienen para hacer deporte o ir al gimnasio cuando tienes hijos y mi consejo es que compartan ese tiempo de deporte también con los niños porque todos saldrán ganando. Tener hijos no es ninguna dificultad para practicar deporte, es tan sencillo como iniciar a los niños en algo tan beneficioso como es hacer ejercicio y además de empezar a crear un hábito muy saludable, estaremos afianzando unos lazos muy positivos en nuestra relación.

Y es que en los últimos tiempos siento como si los padres nos estemos volviendo un poco raros… ahora también han puesto guarderías en las entradas de los centros comerciales para que así los papás podamos hacer las compras tranquilos. Pero a ver, si no estamos con nuestros hijos el tiempo que están en el colegio, tampoco el tiempo de hacer deporte, el tiempo del trabajo y tampoco el tiempo de hacer las compras, entonces ¿alguien me puede decir cuándo vamos a estar con nuestros hijos? porque si hacemos las cuentas de las horas, minutos y segundos que pasamos con nuestros hijos, a mi no me salen las cuentas.

Espero que poco a poco los padres y madres empecemos a entender lo que significa tener hijos, que criar a un hijo en buenas condiciones emocionales no significa charlar una hora al día sobre como le ha ido “el cole”. Y es cierto que llevamos unas vidas muy ajetreadas, que trabajamos, que nos hemos buscado unas necesidades que no estaban en nuestra naturaleza… pero hago un llamamiento a integrar a nuestros hijos en nuestro trabajo, en nuestras costumbres, en nuestras tareas y necesidades. Integrar, eso es de lo que habla nuestro querido Carlos González, de integración de los hijos en nuestra vida. Porque debería de ser algo natural… es una pena que nos hayamos empeñado en ir en contra de lo esencialmente humano, porque durante siglos y siglos nuestros antepasados criaron muchos niños en la rebotica de un comercio.

Si os interesa saber todo lo que habla sobre crianza Carlos González en su entrevista de bebes y más no tenéis más que ir al enlace de más abajo.


Publicado originalmente en Peques y más
 
Entrevista completa de Carlos González en Bebés y más

Tener hijos no es una obligación

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Amo a los niños.  Creo que es algo que se puede percibir desde estas líneas que voy escribiendo en mi blog, de lo que digo, de las palabras que dedico a mis dos estrellas y a todos los demás niños del mundo. Para mí los niños son la alegría de la vida y gracias a mis hijos creo que cada día soy mejor persona, porque me motivan a mirarme en un espejo muy especial que refleja la paciencia, la gratitud, la esperanza... y lo intento trabajar a diario para ser la madre que mis hijos se merecen.

No se si tendrá que ver con que siempre tuve claro que quise tener hijos aunque imagino que no porque también conocí a madres maravillosas que no lo tenían claro hasta que fue el preciso momento en sus vidas de procrear y a partir de ese momento sintieron que la vida tampoco tendría sentido para ellas sin hijos con quien compartirla.

Y es cierto que para una gran parte de mujeres del planeta tener un hijo es algo que deseamos con todas nuestras fuerzas y cuando llegan a nuestras vidas las llenan de alegría, paz y felicidad.  Pero la clave está en desearlo y tener en cuenta de lo que significa tener un hijo. De que los niños pueden pasar sin ropas de marca, juguetes caros y colegios elitistas.  Pero nunca podrán ser felices sin el amor de unos padres, sin su compañía y su atención.

Y aquí es cuando muchas veces me he dado cuenta de que hay padres que no tenían claro lo que era tener hijos hasta que los tuvieron y se encuentran perdidos y desmoralizados cuando creen perder la libertad que tenían con aquellos cachorros que no cesan de llorar para recibir las atenciones que ni más ni menos les pertenecen por derecho al aterrizar en este difícil mundo.

Veo padres que buscan la forma de "ahorrar" tiempo con sus hijos... cuando lo que realmente necesitarían para hacer felices a esos niños sería "ahorrar" tiempo de otras tareas... porque es fundamental para el desarrollo de estos pequeñines el pasar mucho, mucho tiempo con sus padres para crecer sanos emocionalmente y desarrollarse adecuadamente.

Me gustaría decir desde mi blog una verdad muy grande y es que tener hijos no es ninguna obligación. No tengas hijos por que es lo que toca, ni tampoco para ver lo que se siente y mucho menos por complacer a tu pareja. 

Ten hijos si lo deseas de corazón, si sabes que desde este preciso instante tú vas a dejar de ser lo primero en la vida para que ese pequeño con el que sueñas ocupe ese lugar.  Porque tener hijos es maravilloso siempre que uno esté convencido de que así lo es y no le importe anteponer absolutamente las prioridades de estos a las suyas propias.

Ser padre es tener claro que en la crianza de un hijo el bienestar del mismo es lo primero.  Porque si no es cuando caemos en falsas teorías de niños perfectos que tienen que dormir 12 horas seguidas de noche, comer 250 ml. de papilla y ir a la guardería de nueve de la mañana a cinco de la tarde sin rechistar. Y cuando nuestro hijo no corresponde a este modelo de niño acudimos a ciertos libros poco recomendables para los pequeños con contenidos que les harán derramar mil y una lágrimas para que nos dejen  continuar con nuestras apacibles vidas donde el ocio y el cuidado personal tienen que seguir ocupando unas prioridades que quitan horas de compañía con nuestros niños. 

 La paternidad y maternidad debe de realizarse conscientemente y decidir si tener o no tener hijos es una decisión muy importante que dará una u otra dirección al rumbo de nuestras vidas.

Porque todos tengamos hijos o no, seamos hijos de unos padres u otros, tenemos derecho a ser felices y a recibir todo el amor que necesitemos.

De como descubrí la crianza con apego (El desenlace)

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Ni juntando todos los adjetivos más bellos del diccionario podría definir como me sentí el día que nació mi hija.  No hay dinero, ni joyas, no hay gratitud suficiente a aquella doctora que me ayudó a cumplir mi sueño de tener mi parto vaginal después de cesárea.


Hoy me queda aún el mágico recuerdo de lo vivido.  Un recuerdo que me acompañará para siempre, porque nunca olvidaré nuestro encuentro, cuando cogí a mi pequeña entre mis brazos y la puse en mi pecho tan calentita y comenzó a mamar, desnudita encima de mí, piel con piel.


Había llegado el día en que me sentí completa como mujer.  Había recuperado aquella parte de mi propia historia que me faltaba.
 La  historia que un día se quedó por el camino en un frío quirófano, como desgraciadamente se pierden a diario en tantos hospitales de nuestro país a causa de las prisas que en esto de los partos son tan malas consejeras.


 Después de leer y leer a tantas mujeres con sus testimonios de PVDC de las que soñaba imitar un día resultando la protagonista de mi propio cuento.  Ellas que tanto me habían ayudado, como también lo hicieron artículos, vídeos y libros de personas que demuestran el amor hacia los niños y sus madres fomentando el parto y nacimiento respetado y a todos ellos mujeres y grandes profesionales a los que desde mi rincón agradeceré eternamente.


Una vez nació mi princesa mis ansias de conocimiento sobre crianza aumentaron.  Había abierto las puertas de un mundo que aunque ya suponía por instinto, se mostraba virgen para mis conocimientos.  Tenía ante mí los nombres de todo aquello que durante años había tenido en mi mente y que ahora por fín podía colocar en mi cerebro como algo que poder en práctica sabiendo que además de instintivo, había los suficientes estudios practicados que indicaban lo saludable que era tanto para nosotros como para nuestros hijos.


Y aquí me encuentro como una mamá con muchas inquietudes y que intenta dar un pequeño paso cada día.  Una madre que se equivoca como la mejor, pero que en cada error intenta aprender para el siguiente.

Considero que lo más importante en este aprendizaje vital que realizamos al acompañar a nuestros hijos es sin duda alguna el amor que sentimos hacia ellos.Si no hay amor y cariño para nuestros hijos de poco servirán las lactancias prolongadas, ni los porteos, ni el colecho.

Tenemos que ser conscientes de que la gran inmensa mayoría de padres amamos a nuestros hijos innatamente, les queremos desde mucho antes de nacer y esto nos tiene que ayudar mucho a la hora de educarlos, respetarlos y acompañarles en la vida.


Que nuestros pequeños sepan que estamos ahí aún dejándoles su camino libre para que sean ellos quien puedan dar cada paso.  Si tropiezan que se encuentren una mano para levantarse, una mano que hallarán tendida todos los días de su vida.
 

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