La belleza está en el corazón

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A día de hoy tengo muy claro que valores quiero transmitir a mis hijos. Quizás el más importante de entre todos ellos se encuentre el respeto.  El respeto hacia si mismos y el respeto hacia los demás.  Aprender a quererse y a aceptarse como son, con sus defectos y sus virtudes y también realizar la misma tarea con los demás seres humanos. ¿Qué sencillo decirlo, no? es una tarea que a muchos nos llevará media vida.


Cuando quiero enfocar algo en referencia a la educación de mis hijos hago un ejercicio de reflexión haciendo uso de la memoria.  ¿Cómo hacer las cosas bien? A veces no somos conscientes de la importante herramienta que tenemos a nuestro alcance, se nos olvida que nosotros también fuimos niños.


Cuando yo era niña y en algún momento me sentía diferente por algún motivo recuerdo que me sentía triste. Y gracias a ello soy consciente de que en algún momento a mis hijos les puede pasar igual.  Sentirse tristes por creerse diferentes. 


Y alomejor no es cierto que sean diferentes,  pero ¿qué más da? el ejercicio que debemos de realizar nosotros com padres es el de ayudarles a quererse a respetarse y a creer en si mismos y en sus ilusiones para cumplirlas.  Y solo de esta manera sabrán que deben hacer lo mismo con sus semejantes.  Serán felices y llevarán una vida plena que se transmitirá a los demás.


Entonces no importarán si son más o menos guapos, listos, torpes o populares en el colegio. Sabrán que ellos valen por lo que son, no por lo que parecen.  Y finalmente lo que habrán aprendido para ellos lo aplicarán en sus relaciones con los demás, haciendo brillar los valores del respeto que tanto hacen valer a los seres humanos que consiguen esta capacidad de respetar.


La belleza, la integridad de una persona, la humildad, la bondad, la riqueza... está en el corazón de un ser.  Esa lección si se la enseñamos a nuestros hijos les ayudará a tener una vida plena aunque no se pueda garantizar que fácil, porque podemos encontrar en nuestro camino a personas que no miran en nuestra misma dirección y parece que han llegado al planeta tierra para poner piedras en el camino de los demás.

Pero si hemos trabajado con nuestros hijos el valor del respeto hacia sí mismos, lo tendrán mucho más fácil para saber saltar estos obstáculos y no dejar influenciarse por aquellos que quieran dañarles y desorientarles.

Si hay un film de Disney que habla sobre los valores de integridad de un ser humano, más allá de la apariencia física y lo bien visto es "La Bella y la Bestia".  La belleza es un don que solo unos pocos pueden ver más allá que un cuerpo bonito o una destreza excepcional.  La belleza es sinónimo de bondad, buenos sentimientos y corazón puro.  No tiene nada que ver con una sonrisa profident o una melena larga y rubia al viento.

Que nuestros hijos comiencen a quererse más allá del aspecto físico es también cosa nuestra, que no nos quepa la menor duda. Educarles siempre en el respeto hacia ellos mimos.  Este hecho se traducirá también en un respeto hacia sus semejantes.

Espero que os guste esta canción que a mi desde niña me tiene cautivada.



La Bella y la Bestia

Se oye una canción
que hace suspirar
y habla el corazón
de una sensación
grande como el mar

Algo entre los dos
cambia sin querer
nace una ilusión
tiemblan de emoción
bella y bestia son

Hoy igual que ayer
pero nunca igual
siempre al arriesgar
puedes acertar
tu elección final


Debes aprender
Dice la canción
que antes de juzgar
tienes que llegar
hasta el corazón


Debes aprender
dice la canción
que antes de juzgar
tienes que llegar
hasta el corazón

Cierto como el sol
cierto como el sol
que nos da calor
no hay mayor verdad
la belleza está
en el corazón


Nace una ilusión
tiemblan de emoción
bella y bestia son
bella y bestia son
bella y bestia son.

El mejor cumplido de mi vida

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Ni las felicitaciones en la escuela por ser una alumna aplicada. Ni los comentarios a esa fantástica recuperación del estilismo post-parto.  Tampoco los reconocimientos (estos minoritarios) de algún jefe por el trabajo bien hecho.

 Creo que nunca antes me había sentido tan bien conmigo misma, reconocida y encantada de la vida como tras recibir un cumplido como lo hice hace unos días cuando una dependienta de un comercio de mi barrio me dijo tras comprobar asombrada como María a sus 14 mesecitos estaba mamando mientras una servidora realizaba la compra porteándola  en el mei-tai.

Nunca habíamos hablado, pero en aquellos minutos de intercambio de impresiones y tras ver como era capaz de cuidar de mi hijo mayor y mientras transportar a la peque haciendo la compra estuvimos charlando un ratito.

Le comenté las horas que pasábamos separadas todos los días y que me encantaba llevarla encima para después de ese dichoso tiempo poder recuperarlo juntas. También me dio tiempo a explicarle que tras el fracaso de mi primera lactancia  y parto por cesárea me había informado de como quería hacer las cosas esta vez y que gracias a ello había tenido un parto estupendo y una lactancia que me da mucha felicidad.

Entonces tras escucharme hablar me contestó: "Ojalá todas las mujeres hicieran todo lo que haces tú".

Y yo sentí que ningún cumplido, comentario voluntarioso o palabra bien intencionada nunca antes me había sonado tan a música celestial como aquella maravillosa frase.

Y le contesté con una gran sonrisa y un "gracias" que en realidad no eran merecedores de todo lo reconfortantes que me habían resultado sus palabras.

Porque después de ir llorando por las esquinas estos días por toda la incomprensión que tenemos que sorportar muchas mamis por querer llevar en brazos, amamantar y en definitiva AMAR a nuestros hijos, alguien había puesto un punto de esperanza e ilusión, de comprensión y admiración agradecida.

Solo me quedaría añadir que me quedé por contestar que las mamás que intentamos criar a nuestros hijos de esta forma tan sencillamente instintiva ya somos muchas, aunque por el bien de todos los niños espero que seamos muchísimas más.  Porque nunca seremos demasiadas.

Los niños nos enseñan a ser felices

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Los adultos nos pasamos buscando día tras día la felicidad a través del dinero, el reconocimiento de los demás y otros factores que carecen de lo que resulta esencialmente humano. Nunca nos paramos a pensar que la vida es lo inmediato y que pasado ese segundo ya no volverá a existir. Y en esa búsqueda de lo que creemos la felicidad, nos perdemos lo verdaderamente importante por el camino.


La infancia es una etapa en la que se valora lo realmente necesario para disfrutar de la vida en plenitud y felicidad. Se da un valor muy grande a las cosas verdaderamente importantes como son nuestros padres, hermanos, los amigos, el compartir juego y risas, la libertad, el ser fiel a uno mismo. Algo que según vamos creciendo va menguando a causa de todas las influencias que vamos recibiendo del exterior..

Cuando los niños no están influenciados por los estereotipos, etiquetas ni exigencias sociales, son capaces de fluir de tal manera que consiguen ser felices sin tener ni un euro, sin necesidad de ser reprobados y reconocidos por el resto de personas ni depender de nada que no sea su propia libertad para vivir.

Los niños carecen de prejuicios, no tienen discriminación dentro de su ser. Ellos son como un libro en blanco que solamente se escribirá a través de las experiencias que vayan recibiendo hasta llegar a ser mayores. Nosotros los adultos, deberíamos observar el comportamiento de estos maravillosos seres quien gracias a que aún no muestran signo alguno de corrupción en su forma de obrar, conservan la verdadera esencia de la bondad, generosidad, fortaleza y el único camino de la felicidad.

Por poner algunos ejemplos más tangibles a todas estas palabras puedo decir que en la enfermedad a ellos les pesa mucho menos que a los adultos. Si nosotros por cuatro estornudos, dos mocos y un poco de fiebre estamos para el arrastre, ellos si no baja de 38 y medio están dando saltos.

También lo demuestran ante la pobreza que desgraciadamente muchos acusan, la sonrisa no se borra de sus labios. Si algo me marcó en un viaje que hicimos a Centroamérica fue ver las inmensas sonrisas de aquellos niños que ni siquiera tenían calzado. Eran unas sonrisas inmensas y que transmitían vida.
Están los que son diferentes a los demás niños por causas físicas, psíquicas, culturales o simplemente de sexo. Ellos nos enseñan que si no se conoce la palabra discriminación no es necesario practicarla.

Y todos aquellos niños que se adaptan y se siguen adaptando a lo nuevo y desconocido. Los adultos nos acomodamos en un trabajo, en un lugar, en una posición y de ahí no nos sacan. Ellos que están en cambio constante con su propia persona ¿cómo no iban a adaptarse a cualquier situación por más nueva que sea?

Nuestros hijos y todos los demás niños son tan sabios que aún me quedarían muchas más asignaturas pendientes de las que nos podrían dar clases. Seguro que si les observásemos más de lo que lo hacemos y los imitáramos en su manera de hacer las cosas ganaríamos en calidad y plenitud de vida.

Porque la felicidad no es necesario buscarla muy lejos. No sabemos que la tenemos muy cerca. Tan cerca que solamente tenemos que agachar la cabeza y nos encontraremos dos luceros que llevan su nombre.

Publicado originalmente por Miriam en peques y más

Una hora de tu tiempo

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¿Cuánto dinero cuesta el cariño? ¿se puede comprar el amor incondicional? ¿podemos comprar a nuestros hijos con objetos materiales? ¿se sienten solos nuestros pequeños y nos extrañan? ¿Hacemos lo suficiente por compartir todo el tiempo posible con nuestros niños?

Encontré un cuento en la red que nos invita a reflexionar sobre todo lo que acabo de exponer y meditar si además de tiempo de calidad nuestros hijos necesitan también cantidad de tiempo.  Para llegar a conocer a nuestros hijos debemos pasar tiempo con ellos, no podemos limitarnos a llenarles de regalos o darles un beso de buenas noches.

Una hora de tu tiempo

Un hombre vino a casa tarde del trabajo, cansado e irritado, y encontró a su hijo de 5 años esperando en la puerta.

- ¿Papá, puedo hacerte una pregunta?

Sí, ¿cuál es?" contestó el hombre.

- ¿Papá, cuánto ganas en una hora?


Eso no es asunto tuyo. ¿Por qué preguntas eso? - Dijo el hombre enojado.


- Sólo quiero saberlo. Por favor dime, ¿cuánto ganas en una hora? repitió el pequeño.

Si quieres saberlo, en una hora gano 20 Euros.

- "Oh" - contestó el pequeño, cabizbajo. Volviendo a mirarlo, dijo

- ¿Papá, puedo pedirte prestadas 10 Euros?

El padre se puso furioso. Si la única razón por la que me has preguntado eso es para poder pedirme prestado dinero para comprar un juguete tonto o alguna otra cosa sin sentido, entonces vete directamente a tu cuarto y acuéstate. Piensa sobre por qué estás siendo tan egoísta.


Yo trabajo muy duro muchas horas todos los días, y no tengo tiempo para estas tonterías infantiles."

- El chico fue calladamente a su cuarto y cerró la puerta. El hombre se sentó y empezó a ponerse aun más enfadado pensando en la pregunta del muchacho.

¿Cómo se atreve a preguntar cosas así sólo para conseguir algún dinero?

Después de aproximadamente una hora o así, el hombre se había tranquilizado, y empezó a pensar que quizás había sido un poco duro con su hijo. Quizás había algo que realmente necesitara comprar con las 10 Euros y realmente no pedía dinero muy a menudo. El hombre fue a la puerta del cuarto del muchacho y abrió la puerta.

"¿Estás dormido, hijo?" - Preguntó.


- "No papá, estoy despierto," - contestó al muchacho.


"He estado pensando, quizá haya sido demasiado duro contigo antes," dijo el hombre, "Ha sido un día largo y he pagado mi agresividad contigo. Aquí están las 10 Euros. que me pediste."

- El pequeño se sentó y sonrió. "¡Oh, gracias papá!" gritó.

Entonces, buscando bajo su almohada sacó algunos billetes arrugados. El hombre, viendo que el muchacho ya tenía dinero, empezó a ponerse enfadado de nuevo.


El pequeño contó despacio su dinero, entonces miró a su padre.

¿Por qué pides más dinero si ya tienes? - refunfuñó el padre.

- Porque no tenía bastante, pero ahora sí, contestó.


- Papá, ahora ya tengo 20 Euros ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo?

- Por favor ven a casa temprano mañana. Me gustaría cenar contigo.


Autor: Desconocido

El mejor regalos para todos los niños es la paz

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PAZ, PAZ, PAZ, PAZ.  Es el mejor regalo que les podríamos dejar a nuestros hijos para el día de mañana.  PAZ en el mundo, que se acaben las guerras, que no haya lugar para la violencia, los malos tratos, los asesinos, violadores, extorsionadores.  Que no haya hueco para los gritos ni los insultos.  Que crecieran felices sin pensar en todas esas cosas que me hacen apagar la televisión cada día para sumergirme en mi propio mundo y olvidarme un poco de la realidad.


Y es que esta tarde de domingo, mientras estudio para mis clases de inglés me he encontrado en el camino con "Imagine" la canción que es hoy un símbolo de la paz mundial y que el magnífico Jhon Lennon compuso hace ya más de trenta y cinco años y con la que hoy os invito a reflexionar sobre el mañana que les queremos dejar a nuestros hijos.  Seguro que estais de mi parte cuando pensáis en un día de mañana en el que haya una fosa común donde todos lancen las armas, los insultos y los golpes.



Imagine




Imagine there's no heaven

It's easy if you try

No hell below us

Above us only sky

Imagine all the people

Living for today...

Imagine there's no countries

It isn't hard to do

Nothing to kill or die for

And no religion too

Imagine all the people

Living life in peace...



You may say I'm a dreamer

But I'm not the only one

I hope someday you'll join us

And the world will be as one



Imagine no possessions

I wonder if you can

No need for greed or hunger

A brotherhood of man

Imagine all the people

Sharing all the world...



You may say I'm a dreamer

But I'm not the only one

I hope someday you'll join us

And the world will live as one

 

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