29 septiembre 2009

El primer vuelo de mi gorrión.


Como un pequeño gorrión que salta del nido y alza sus alas airosamente para emprender su vuelo, hoy la pequeña gran María por fin estrenó sus alitas en forma de dos piernecitas que aún conservan esos maravillosos pliegues tan característicos de nuestros bebés.


Mamá pajarilla (o lo que es lo mismo, una servidora) poco a poco va comprobando como su pequeña ha dejado de ser un pequeñísimo cachorro humano para dejarse llevar por toda la curiosidad propia de alguien que descubre en cada hecho y en cada cosa un primer momento mágico y asombroso.


Y a su vez, me dejo llevar por esos preciosos ojos y acompaño a mi pequeña princesa en cada uno de los acontecimientos que surgen en sus días de aventuras imparables. Porque para un bebé de un año un piso de 90 metros cuadrados puede contener más historias para descubrir que un castillo medieval.


De los descubrimientos que ha ido realizando María en estos últimos días, podemos resaltar algunos que me parecen imprescindibles para cualquier explorador aventurero que se precie en esta franja de edad.


Uno de los lugares preferidos de mi pequeña ruiseñora es sin duda alguna el cuarto de baño y los motivos son bien sencillos: Hay mucha agua y mucho papel, dos artículos que priorizan sin lugar a dudas sus aficiones más cotidianas. La visita al bidé se convierte en una excursión a una majestuosa cascada para dar rienda suelta a su pasión por el agua, aunque luego -eso sí- terminemos saliendo de allí en kayak. Y el papel de water como si de unos fuegos artificiales se tratara es lanzado, le encanta para jugar con él y si se tercia le encanta ingerirlo en plan el último superviviente, que para eso es una aventurera nata.


Otras de las peripecias diarias de la pequeña de la casa es darse baños de libros de la estantería que tengo en mi pequeño despacho. Se vuelve loca cogiendo y tirando todos los libros y cuentos de las estanterías al suelo y luego se mezcla entre ellos divertida como si estuviera nadando en un pantano de lodo.


A veces sus costumbres son dignas de poca salubridad, cuando decide que le gusta más la comida que se proporciona por su cuenta recaudando migas del suelo, aunque no haya querido merendar el plátano que le ofrecí.


Ay, mi ratita! que a ratos rechaza unos brazos deseosos de seguir abrazando ese cuerpecito lindo! y sin darme cuenta, ese ser pequeño y desvalido ya camina y busca aventuras en el seno de su hogar. Un hogar, en el que seguirá creciendo, investigando y lo que es muchísimo más importante: sintiéndose querida, muy querida.


Y que haya personas que digan que quieren que corra el tiempo rápido para que esta engorrosa etapa de la infancia de sus hijos pase. Por mucho que lo intentase y me esforzara en comprenderlo nunca podría descifrar el contenido de esas frases: "¡Yo los quiero seguidos (los hijos) para que se pase de golpe!"


¿De golpe? ¿rápido? ¡Si yo lo que quisiera muchas veces es detener el tiempo! para recrearme en cada segundo de esta inmensa felicidad que me hacen sentir mis hijos. Y lo que yo me pregunto, es como muchos buscan la felicidad tan lejos, teniéndola simplemente con mirar hacia el suelo. A la altura de las rodillas, quizás a la altura de las caderas... si buscas, seguro que la encuentras en forma de sonrisa incondicional.

4 comentarios:

♥Dianita♥ dijo...

hermoso, simplemente divino miriam! qué bellas palabras!!

Miriam dijo...

Ya sabes que cuando hablamos de nuestros niños las palabras se convierten en música aún sin quererlo.

Un abrazo Diana y gracias por participar en mi blog.

Ileana dijo...

Esta crónica es sencillamente preciosa!!!
Besos!!!

Miriam dijo...

Gracias! es sencillo hablar así de mi pequeña... no podría ser de otra manera ;-)