03 septiembre 2009

Mil sonrisas y algunas lágrimas.

Algunos pensareis al leerme, que soy una pirada mental, mezcla de fresita y loca de la teta, que está obsesionada con los niños, tanto que quizás no sea francamente realista a la hora de percibir la realidad que nos envuelve.

Pues quizás tengáis razón (permitirme que sonría un poquitín). O quizás no.

Mis hijos, cada día me brindan un nuevo regalo en forma de día a su lado y me hacen muy feliz. No importa si discutí con mi amiga Pepi sobre los problemas de la escalera, que siempre está tan sucia. Tampoco importa, si estoy pasando un mal momento porque el mundo está loco de verdad y he tenido que quitar las noticias de hoy.

Recuerdo, al principio de ser mamá, regresar a casa después de una bronca enorme del jefe y al entrar por la puerta y ver a mi principito esperándome, con su sonrisa de oreja a oreja, que todo el mal interior se desvanecía por completo. No me hacía falta terapia de grupo ni un psicoanalista. Solamente un abrazo de mi niño.

En realidad -aunque como siempre me voy por las ramas- quería dar a entender, que de las manos de nuestros niños vienen LAS MAYORES ALEGRÍAS DE LA VIDA.

Desde que vienen de camino, pasando por su nacimiento y sobretodo el camino que hacemos a su lado como padres, donde cada día hay nuevas ilusiones y alegrías.

Por poneros un ejemplo, el otro día ver a mi niño con su bici de dos ruedas, me hizo emocionarme gratamente como hace tiempo que no lo hacía, ya os contaré porqué.

Pero por otro lado, tener hijos, no es solamente estar en estado constante de felicidad absoluta como si nos hubiéramos fumado ciertas sustancias poco legales.

Tengo que confesar que igual que de la manos de mis dos hijos me he llevado las mayores alegrías de mi vida, también me he llevado los mayores sustos y disgustos en consecuencia.

En realidad ellos son muy pequeños para ser conscientes, y si hay culpable alguno muchas veces soy yo misma, como sucedió hace unos días con mi hijo, que nos pidió escuchar música en nuestro coche, mientras estábamos hablando con unos amigos justo a su lado.

No se le ocurrió al pequeño otra cosa que quitar el freno de mano. Imaginad lo que sentimos cuando empezó a moverse el vehículo con el niño dentro cuesta abajo. Fueron segundos angustiosos. Gracias a que nos pudimos montar en marcha mi marido y yo pudimos pararlo ya que estaban las puertas abiertas. Fue un momento espantoso, y a la vez no podía dejar de dar gracias porque mi niño estaba bien.

Mi vida, podría haber dejado de ser maravillosa en ese preciso momento, aunque gracias a Dios simplemente se quedara en un gran susto.

Y por desgracia, estamos expuestos en la vida a mil y un riesgos que a veces se pueden evitar, como hubiera sido nuestro caso, impidiendo al niño estar escuchando música en el vehículo. Pero otras veces, por desgracia, las cosas se complican por temas de salud y otros asuntos conforme van creciendo, que nos hacen angustiarnos como nunca lo hicimos.

En realidad, lo mejor que podemos hacer es SIEMPRE DISFRUTAR DEL MOMENTO y sobretodo de los momentos que pasamos junto a ellos. Como dice bien mi madre "las cosas malas vienen solas" aunque como veis en mi último gran disgusto se pueden evitar.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Miriam soy Pepi, a ver si arreglamos lo de la caldera, por que esto ya no puede seguir así, que me sale el agua fría y ya estoy cansada de tener que calentar el agua en la cocina.

PD: Efectivamente...Soy tu hermana jaja Enhorabuena por el blog Miri!

Un petonet!

♥Dianita♥ dijo...

hola! me llamo Diana, soy de México.
Qué susto debiste haber pasado con lo de tu hijito!! per4o gracias a Dios no pasó a mayores...
qué bonito blog tienes :)

Miriam H. B. dijo...

DIANITA, gracias guapa, la verdad es que el susto fue enorme, igualmente proporcional a la alegría de que no pasara nada grave.

Por cierto he visto tu blog y !me ha encantado! es precioso, se nota todo el amor que le pones! y eso me encanta.

Besos desde España al otro lado del charco!

Miriam H. B. dijo...

Looooooooreeeeeeeee tia Pepi! ja, ja, ja! muy bueno, si señor... si al final vas a estar más loquita que la loquita de tu hermana mayor!

Molts petonets!

espontanea dijo...

Podemos discutir sobre si Dios existe o no, pero la existencia del Ángel de La Guarda es un hecho objetivo del que todas las mamás somos testigos. No sólo existen, sino que viven estresados.
Tienes razón ¿qué será de nosotras el día que crezcan y razonen? Tendremos que darnos al cannabis.

Miriam H. B. dijo...

Espon, gracias por poner esta chispa de ingenio en el blog! me he reído un montón con tu angel de la guarda estresado...! aunque ya sabes que cuando aparece, no hay sonrisa que nos valga...

De lo otro... pues la verdad que espero no tener que recurrir al cannabis... ja, ja, ja...

Besos guapa!