10 enero 2010

Lo más valioso del hogar



Hace días, quizás semanas que me planteo explicar algo que aunque resulte evidente no se exprese en la vida diaria como tal.


Las persona, en esta sociedad consumista, donde lo importante es todo aquello que tienes materialmente hablando creo que muchas veces desprecia la realidad del valor de lo esencialmente importante. Porque ¿hay algo más importante en nuestro hogar que nuestros queridos hijos?


Nos dedicamos a cuidar de nuestros bienes, de nuestros coches, de las joyas.... metemos en cámaras de seguridad nuestro dinero.  Adoramos nuestro cuerpo, lo cuidamos y algunos hasta le rinden culto. Sacamos el máximo partido a nuestro tiempo... todos hablamos de las maravillas del tiempo de ocio que hay que saber aprovechar y disfrutar.  Cuidamos nuestra salud o al menos lo procuramos.


Esta reflexión viene a raíz de algo tan simple pero tan didáctico como fue una conversación con una cuidadora de niños.  A veces aunque no lo creáis lo más importante se aprende de aquel que menos te lo esperas. Y esta mujer me dió una lección importante.


Me explicó su experiencia en la casa de una pareja de abogados que tenían una niña a la que debía de cuidar en su ausencia.  El día que llegó a la casa, los papás le dejaron bien claro, qué tipo de cuidadora buscaban, una cuidadora de muchísima confianza.  Era cierto que en aquel hogar había cosas de más o menos valor monetario. pero ellos lo tenían claro y así se lo dijeron. Le explicaron que en toda la casa solamente había alguien de valor, de incalculable valor: Su hija.


Le dijeron que no les importaba nada más, que ni los muebles, ni los objetos... que su hija era lo único que les importaba, lo único irremplazable y que ella procediera en consecuencia.



Aquellos señores, bien posicionados y con una vida llena de lujos y dinero, hablaban de una sola cosa de valor.  Y tenían tanta razón. Aquella persona que iba a entrar en su casa todos los mediodías a dar de comer a su querida niña, tenía que tener claro la importancia y el gran valor incalculable de aquello que estaba cuidando. Ya que durante dos o tres horas no podrían compartir ese momento con su pequeña, necesitaban que quien quedara al cargo de sus cuidados tuviera claro que aguardaba un verdadero tesoro de valor incalculable.

Porque ¿qué pasaría si perdieramos nuestro dinero, nuestros bienes materiales?... ¿qué pasaría? sería difícil sí, nadie puede debatir esta afirmación.  Sería muy difícil remontar y luchar para cambiarlo.  Pero con trabajo y trabajo y apoyo de los nuestros y dedicación lo podríamos cambiar.


Pero no nos engañemos ¿qué pasaría si perdiéramos a un hijo? ¿qué pasaría entonces? ¿hay algo más importante? ¿podríamos volver a ser felices una vez? ¿hay alguna cosa equiparable en la tierra a la felicidad que nos dan nuestros hijos? no quiero saberlo la verdad... simplemente nos robarían la vida y no podríamos recuperarla...


A veces no hace falta perder un hijo físicamente para dejar de tenerlo... hay padres que no cuidaron de lo más importantes de sus vidas durante los momentos que debían de hacerlo.  Cuidaron de sus bienes materiales, de sus cuerpos, de sus cosas... pero dejaron atrás lo más importante: cuidar de su máximo tesoro, de sus hijos. Y así los perdieron.  Perdieron una infancia que les hubiera hecho vivir esta vida abriendo todos sus secretos para ser feliz. Perdieron en risas y en felicidad.  Y ahora perdieron esa cómplice relación de aquel que conoce de verdad a sus hijos y aún no siendo tan niños puede seguir siendo un referente en sus vidas, con el que cuentan.


No quiero que se me olvide nunca mi escala de valores, los materiales que se queden bien abajo y aquello que me va a proporcionar mayor felicidad hoy y el día de mañana bien arriba, en la cima del mundo.  Por cierto, por el medio pondremos todo aquello que nos gusta y nos realiza... por ejemplo en mi caso, escribir sobre estas cosas... pero de esto quizás hablemos otro día, mientras cuidemos de nuestros tesoros como quien cuida una pompa de jabón para que nada la rompa.

3 comentarios:

Rocío dijo...

Excelente reflexión, la comparto 100%. Hoy día en lo que todo lo material se cuantifica a veces lo realmente valorable (la vida de nuestras personas queridas y de manera especial la de los peques) tiende a quedar en un segundo plano. Tengamos siempre muy clara nuestra escala de valores. Una vez más te felicito por este post y por tu blog en general.

Un saludo,

Miriam dijo...

Hola Rocío! gracias por tus palabras, la verdad son cosas a las que voy dando vueltas en la cabeza... y digo... es obvio... creo que todo los sabemos... pero... por si acaso lo escribo aquí. Me gusta compartirlo y así recordarlo con todos vosotros.

Gracias, he visto que tú también tienes un blog precioso, me encanta.

Un abrazo.

Rebe dijo...

Muy cierta tu reflexión, parece que a veces perdamos el norte de lo que es realmente importante y es que hay momentos que no nos paramos a disfrutar de los segundos del día y vivimos ahogados pensando nada más que en el futuro.

Hay momentos que nunca podremos recuperar y si no los hemos sabido disfrutar nos daremos de golpes en la cabeza por lo estúpidos que hemos sido.